-A mi prima Ada-
Tú que vienes a mí de vez en cuando
con las modulaciones de tu voz hecha consuelo
y con la idea de un sano pensamiento,
a hurgar en las entrañas de mi arcano;
no temas si a veces te sorprenden
mis normas de demente alucinado
y otras veces tal vez, mis desvaríos
te apartan del espíritu de Venus.
No temas y acércate a esta hoguera
en la que habita el monstruo de mis sueños,
el aquelarre de mis pensamientos;
acércate que en mí nada hay de vano,
salvo, quizás, el pretendido intento
de querer aproximarme a lo lejano.
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