Un horizonte de olas y de cielo
nos vio llegar en busca de lanoche;
eras un mástil de carnes florecientes
enarbolando tu negra cabellera.
Eras dos ojos ausentes y viajeros
oteando los misterios infinitos.
Eras un no se qué de imprecisiones
sumadas al murmullo de las aguas,
y eras, en fin, tal vez un bien perdido
en la realidad de un despertar lejano...
Un horizonte de olas y de cielo
nos vio partir en busca de una aurora.
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