¿Qué corrientes te trajeron por mis venas
navegando por los ríos de mi sangre?
¿En qué puerto antepasado te embarcaron
Niño-Niño, barquerito amanecido
a la luz de mi crepúsculo encendido?
Yo soñaba con tu rubia cabellera
con tus ojos, con tu boca, Niño-Niño,
cuando un día amaneciste en mi puerto
junto al muelle, balanceando tu moisés...
Y eran rubios tus cabellos y tu piel cálida y suave.
Y dos manos amantísimas,
recogieron de tu barca un aleteo
de palomas encendidas que pugnaban
ensayando el primer vuelo hacia la vida,
con tus gestos y tu llanto enardecido...
Me dijeron: "Esto es tuyo" ¡Niño-Niño!
Nos miramos como viejos conocidos:
yo reía y tu llanto, no era llanto,
era el cuento, simplemente, de tu hazaña
barquerito niño-niño amanecido
¡Ha pasado tanto tiempo desde entonces!...
Y aquel mimbre encasquillado de tu barco
al reparo de un altillo fue quedando
a la espera, quizá, de nuevos viajes...
Vuelvo a veces a escondidas a su amparo
y la veo solitaria, abandonada...
Y en el hueco desflorado de tu ausencia,
se me hace que han quedado casi intactos,
los contornos de una forma Niño-Niño...
¡Ha Niño-Niño!, navegante barquerito
solitario de los ríos de mi sangre
¡Ha nostalgias! Ya no hay barca ni esperanzas
a la luz de mi crepúsculo encendido,
ya no hay luces en mi puerto abandonado,
ni canciones arrrorrando al Niño-Niño.
Tus cabellos, tu piel suave y las palomas
que pugnaban ensayando el primer vuelo
¡Ay! se fueron como un soplo Niño-Niño...
y las manos amantísimas ¿Qué se hicieron?
¡Ha cambiado tanto...!
Ahora ríes, frente a mi escondido llanto,
que no es llanto, sinó el cuento de tu hazaña;
un recuerdo ¡Barquerito Niño-Niño, anochecido!
No hay comentarios:
Publicar un comentario