Cuando me nombro en mi interior y digo:
"Yo soy Horacio", y me confronto en el espejo,
siento que no soy yo ni estoy conmigo,
simplemente, me estudio desde lejos,
y en la topografía de mi cara
observo ignorados geroglíficos,
y desarrugo la frente y en la rara
introversión soy un veraz científico
diseccionando cada palmo de mi rostro,
y soy el ojo escrutador del otro
que tras la lupa me observa y me analiza:
"Ese es Horacio", me digo, y me da risa
el verme hecho una ameba en el microscopio
en ese afán desmedido y tan impropio.
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